Cenizas al Amanecer

A pesar del título elegido para el post, hoy puedo publicar por fin con cierto optimismo después del paréntesis veraniego.

Hemos tenido un final de temporada jodido, no os lo voy a ocultar: ciberataques, guerras, terremotos, bulos, incendios forestales, cambio climático, fanáticos de uno y otro signo en todas sus variantes… Por suerte, no me ha tocado vivir todo eso en primera persona (con la excepción del ciberataque y el cambio climático) pero sí con indudable preocupación. También con empatía por la gente cercana que ha padecido las consecuencias de los terremotos (en Venezuela y Colombia, por ejemplo) y los efectos de los incendios forestales. Eso por no mencionar la ola de calor, que unida a la de odio y desinformación que nos rodea dentro y fuera de las redes, han creado una combinación letal para cualquier forma de expresión creativa.

Demasiados estímulos negativos que invitan a una huida consciente hacia lo analógico, al sonido del agua y la naturaleza, al olor del papel y el café por la mañana. A escuchar música en vinilo, a caminar y hablar con gente de verdad en tiempo real y no por Whatsapp… En fín, creo que no os descubro nada nuevo con esto, porque al final tod@s tenemos las mismas necesidades y somos víctimas de los mismos ganchos en la era digital.

Ciberataque en la azotea

Compartiré brevemente lo del ciberataque, más que nada porque impactó de lleno en la línea de flotación del programa. Allá por finales de junio, sufrimos el robo de todas nuestras cuentas en redes (Instagram, Facebook, Tik Tok, Mixcloud, Ivoox) y nuestras tarjetas bancarias, además de todo tipo de cuentas personales (trabajo, banco, administración pública, redes sociales…) Sólo quién haya pasado alguna vez por esto puede hacerse una idea de la angustia que supone ver expuesta toda tu presencia digital pública y privada de la noche a la mañana. No hay enemigo visible, no hay rastro que seguir, no sabés a quién denunciar. Sólo puedes protegerte y rezar para que el impacto sea el mínimo posible.

Tod@s acumulamos docenas de contraseñas y servicios que a veces ni recordamos. Hemos ido depositando nuestra vida en una serie de códigos que dan acceso a parcelas muy sensibles e importantes de la misma. Un día te llega un primer aviso de un amigo o un correo de alerta del banco… y de repente no pegas ojo pensando por dónde te puede venir el siguiente estacazo. Así durante algunas semanas. Vives esperando cual será el siguiente intento de suplantación o fraude en tu nombre, porque sabes que llegará.

El caballo de Troya

En mi caso, el culpable fue un troyano de la familia malware llamado Acreed Stealer. Este software malicioso se dedicó a difundir todas mis contraseñas y a publicar contenido en mi nombre durante unas horas el pasado 29 de junio. Era contenido relacionado con la compra de bitcoins y Elon Musk entre otros temas, además de cientos de comentarios spam y otras publicaciones sobre casinos on-line y otras mierdas por el estilo. En una de mis cuentas que fueron hackeadas, cambiaron la foto y pusieron la de una jóven sugerente dedicándose a enviar mensajes directos a varones de media Norteamérica ¡Joder! cuánto baboso hay suelto… todavía me entran mensajes pidiendo una cita y respondiendo a aquello.

Después empiezas a recibir intentos de extorsión y gente que pretende sacar algo de tí bajo la amenaza de revelar información privada obtenida con tus contraseñas. Por suerte, mi vida es razonablemente anodina y la información privada que manejo no es lo suficientemente jugosa para que nada de eso tuviese éxito. No hay caso conmigo, creo.

No obstante, siento de verdad las molestias ocasionadas a aquell@s que padecieron el bombardeo involuntario y agradezco de corazón los muchos mensajes que recibí de vosotr@s alertando de la situación y también dándome ánimos.

Tengo que agradecer especialmente al dpto. de ciberseguridad de mi empresa, la diligencia con la cual me ayudaron a detectar el problema y solucionarlo. Había datos de terceros que se vieron comprometidos y hubo que moverse deprisa. Me puse en sus manos y por suerte se pudo reestablecer la situación en tiempo récord e interceptar a tiempo los intentos de fraude con las tarjetas bancarias (por ejemplo, para intentar comprar a mi costa una aspiradora de 1.000 € 😲)

Lamentablemente algunas cosas se han perdido definitivamente, como mi cuenta personal de Facebook y la página de Manda Carallo Show en esa red. «Política de Meta» lo llaman. A la compañía norteamericana no le gustan los cabos sueltos. La página del Carallo en Facebook no ha desaparecido pero ha quedado en una especie de estado zombie que sólo recoge pasivamente los contenidos que publico desde Instagram. Desde Meta todavía no me han ofrecido una solución. Por fortuna, casi todo lo demás ha podido recuperarse tras un largo y tedioso proceso de restitución.

Lección aprendida

Como veis, he pasado un verano de lo más entretenido. Como enseñanza fundamental que comparto aquí después de la experiencia, os recomiendo tener vuestras contraseñas anotadas en una libreta de las de toda la vida y evitar guardarlas en ningún rincón digital de vuestro dispositivo por seguro y cómodo que os parezca (como el gestor de contraseñas de Google por ejemplo) Nada está a salvo del ataque de un malware troyano (Caballo de Troya) y si no que se lo digan al Rey Príamo, que fue el primero en sufrirlo en La Ilíada 😎

A pesar de todo esto, no han podido con nosotros y por eso vengo a anunciaros que volvemos muy pronto. Ya estamos ultimando los preparativos para arrancar la VII temporada de Manda Carallo Show y nuestro inminente viaje a EE.UU. para cubrir el XII Supernova International Ska Festival, así que permaneced atent@s a los canales de la azotea porque vienen novedades interesantes y tenemos alguna sorpresa muy especial para iniciar esta temporada que está a punto de comenzar.

El mundo se va a la mierda pero, como me dijo un buen amigo hace poco, hay que buscarse un buen lugar con buena música para esperar el fin del mundo. En eso estamos 😎

Una respuesta a «Cenizas al Amanecer»

  1. Me lo comentaste, pero no conocía tantos detalles de aquellos cyberataques. Es aterrador. Menos mal que algo has podido ir arreglando. Todavía le doy vueltas a la idea crearme una cuenta en Instagram, y no me decido porque produce vértigo la cantidad de maniáticos que se desenvuelven con soltura por las redes.

    Ya veremos.

    Ánimo en tu viaje a Supernova

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